
"En tomo a cualquier mesa inocente, tomando un té, es fácil oír a un hombre decir: «La vida
no merece la pena».
Lo aceptarnos como quien acepta la afirmación de que el día es soleado.
Nadie piensa que eso pueda repercutir gravemente en el hombre o en el mundo. Y, sin
embargo, si esas palabras fueran ciertas, el mundo se pondría patas arriba. A los
asesinos les concederían medallas por librar a los hombres de la vida, a los bomberos se
les denunciaría por impedir la muerte; los venenos se usarían como medicinas; se
llamaría a los médicos cuando la gente se sintiera bien, las sociedades filantrópicas serían
erradicadas como hordas de asesinos. Y, sin embargo, nunca especulamos sobre si ese
pesimista fortalece o desorganiza la sociedad, pues estamos convencidos de que las
teorías no importan."
(G. K. Chesterton)
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